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martes, 13 de septiembre de 2016

La Rancherada y Cabalgata de Rosarito, una estampa de la alegría mexicana



 Crispín Garrido Mancilla

Rosarito.- Los jinetes se empezaron a reunir desde antes de las 10 de la mañana, en los terrenos de la llamada Plaza San Fernando. Hombres y mujeres a caballo, que se fueron sumando, hasta juntar un medio centenar.


El presidente del Club Rotario, Rosario Castillo Zeja, cabalgaba de un lado a otro: ya checando los detalles que faltaban, entre ellos los músicos de la Banda Sureña (que tocaría música norteña), que no aparecían por ningún lado; ya cobrando de una vez la aportación de 200 pesos, que una vez recuperados los gastos servirían para apoyar a una escuela llamada precisamente Club Rotario.



Ya al filo de las 11:00 horas, los músicos se acomodaron en la plataforma de un camión, algunos de pie y otros sentados y se arrancaron con la música, al mismo tiempo que la caravana de los de a caballo salió hacia el bulevar Benito Juárez, para dar inicio a la Rancherada y Cabalgata del Club Rotario, que tendría como meta el Rancho Santa María, donde tendría lugar la fiesta mexicana y conmemoración adelantada del Grito de Dolores.



Y así recorrieron el bulevar por el carril de norte a sur, los imponentes caballos pura sangre, los bailadores y los de alquiler; los empresarios, las mujeres y los chamacos, acompañados por la bandera de México y la del Rotario. A varias calles de distancia se escuchaba la música de la banda, mientras los jinetes enfilaban por la calle de La Palma, rumbo a las afueras de la ciudad.



En en el camino de terracería, junto a campos sembrados de papa, tomate, cilantro y cempasúchil, avanzaban dos caravanas: una de las cabalgaduras y otra de autos, en medio de una nube de polvo, hasta que finalmente se les abrió paso para que pudieran avanzar hasta el rancho Santa María, propiedad de Bernabé Hernández Armas y doña Mary Tovalín.



El rancho Santa María es una especie de oasis, en el Cañón Rosarito, flanqueado por los altos y secos paredones de barro reseco. Hasta abajo, el lecho seco y pedregoso del arroyo. Debajo de los altos árboles hay naranjos, limoneros, plantas de flores y animales exóticos.



Cuando los jinetes llegaron ya estaban listas las carpas, las mesas, el estrado, el sonido, la comida y las bebidas. A pesar del cansancio de la cabalgata, los jinetes hicieron un rodeo al rancho y aparecieron por el lecho del arroyo, donde amarraron a los animales y subieron al terreno plano por un empinado camino.



A las 3 de la tarde, dio inicio la ceremonia cívica del “Grito”, encabezada por los Rotarios, con bandera y tañer de campana incluidas. Luego empezó la diversión, en la que se fueron sucediendo las voces locales, encabezadas por el propio Chayo Castillo, que interpretaron canciones populares mexicanas a todo pulmón, que fueron disfrutadas por un público predominantemente nacional, pero también con algunos angloparlantes que disfrutaron de la alegría de los anfitriones. La fiesta siguió hasta la noche.



Además de garantizar la diversión de todos los asistentes, se recaudaron fondos para una buena causa.

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