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sábado, 10 de septiembre de 2016

Sin agua y sin luz en Baja California: Crónica de una probadita de apocalipsis

Foto: Crispín Garrido.

Foto: Denisse Carrión.

Crispín Garrido Mancilla

Rosarito.- Parecía un apagón común, de esos que solo tardan unos minutos, abarcan solo unas calles y terminan en pocos minutos.

Pero de inmediato hubo cosas raras, como el cierre de tiendas de conveniencia por falta de “sistema” para operar las cajas registradoras y las fallas crecientes en la comunicación vía teléfono celular, porque el mismo problema estaba por lo menos en Tijuana y Ensenada. Eran poco después de las 10 de la mañana.
Tijuana y Rosarito cumplían ya el tercer día sin agua por reparaciones en el sistema y ahora se quedaban sin energía eléctrica.


Foto: Crispín Garrido.

Foto: Crispín Garrido.

En Rosarito, el bulevar Benito Juárez se encontraba con muy poco tráfico, para ser sábado. Los semáforos no funcionaban, pero la gente está acostumbrada a circular a velocidad moderada y había poco congestionamiento, excepto en la salida a Tijuana, sobre la autopista libre, debido a que tampoco funcionaban los semáforos y a nadie se le ocurrió habilitar agentes viales para dar preferencia a las vías principales.
Algunas gasolineras estaban cerradas, en tanto que otras operaban, pero cobraban solamente en efectivo, en una jornada sin bancos ni cajeros automáticos, por la misma causa.
En el pabellón Rosarito, los negocios permanecían abiertos, a oscuras y sin clientes. Los pocos que entraban a zapaterías o tiendas de ropa, debían portar efectivo.


Foto: Crispín Garrido.

Foto: Denisse Carrión.

Solo los cines y la tienda de autoservicio de la plaza operaban con normalidad, gracias a sus plantas generadoras. Los encargados de una dulcería habilitaron una pequeña planta de luz, solo para colocar un foco que permitiera iluminar el interior.
Conforme avanzaba el día, la falta de electricidad y de información respecto al tiempo que duraría el problema, empezó a angustiar a la población. Los mercados de áreas como el bulevar Guerrero se llenaron de clientes tratando de abastecerse de víveres. La gente se agolpaba comprando carne, pero el pesaje se tenía que hacer en básculas mecánicas y el cobro en efectivo.
En las cajas, los trabajadores tenían que hacer las cuentas manualmente o en calculadoras portátiles, mientras consultaban montones de tickets para conocer los precios de los artículos que no estaban etiquetados y nadie sabía de memoria. Las carnes frescas se acercaban peligrosamente al inicio de su descomposición.
Las tortillerías agotaron las que tenían hechas a la hora del apagón y a partir de ese momento, las máquinas se quedaron estáticas, con la masa puesta y con las tortillas crudas, mientras los trabajadores contaban las horas para que el producto entrara en descomposición, lo mismo que el contenido de los enfriadores, generalmente quesos y carnes frías, con los que suelen complementar sus ventas.




En pleno sábado, no había música. Solo se escuchaba el ruido de los motores y los neumáticos de los autos, como si la población hubiera desaparecido. Hasta los perros y gallos guardaban silencio. Hasta la botarga del Doctor Simi parecía tener pocas ganas de bailar.
Esporádicamente, algunos autoestéreos esparcían una canción grupera, que se desvanecía en pocos segundos. Los restaurantes que pudieron, abrieron, para los clientes que portaran efectivo. Los baños estaban a oscuras. 
La pregunta en todos lados era la misma: ¿Qué fue lo que pasó?
La Comisión Federal de Electricidad (CFE) hablaba de una “falla en el suministro de energía” (equivalente a decir que no había luz) en Mexicali. Irónicamente, no había afectado a ese municipio, sino a los cuatro restantes de la entidad.
Decía la CFE que trabajaba en la resolución del problema, lo cual tardaría una hora, cuyos minutos fueron muchísimos más que los 60.
Fue a las 15:40 horas cuando la electricidad se restableció. La red de Internet en algunas compañías tardaría más en normalizarse, lo mismo que el proceso de arranque del bombeo de agua potable, afectado también por el corte de energía. 
Una vez que regresó la electricidad y se restablecieron las comunicaciones la CFE informó que el enorme apagón se debió a una falla en la planta sur de esa empresa productiva del estado, lo que afectó al 40 por ciento de Tijuana, así como a Rosarito, Ensenada y Tecate.

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